Tipos de evaluación educativa: diagnóstica, formativa y sumativa
Con el avance de las investigaciones en el campo de la educación, se reconoce al estudiante no solo como un individuo que asiste y aprende de manera automática y mecanizada dentro del aula. Sino como aquella persona que vive y siente el proceso educativo que lo ha de envolver, cuestionar, condicionar y transformar. “Los seres humanos no somos solo conductas, sino también pensamiento y afectividad” (Miralles, Molina y Santiesteban, 2011, p. 20).
Las investigaciones en educación, entre otros avances, han dado luz acerca de los factores que impactan y determinan la enseñanza y el aprendizaje en el aula. Estos factores internos y externos que condicionan el aprendizaje en los estudiantes son de diferente índole (económicos, culturales, geográficos, sociales, familiares, emocionales y personales). No todos ellos afectarán de la misma manera a un individuo. Es por eso que, en el proceso de enseñanza y aprendizaje, se han de considerar dichos condicionantes como posibles barreras para el aprendizaje. Además, habrán de ser tomados en cuenta para evitar la emisión adelantada de juicios de valor.
“La emisión de juicios de valor sobre los alumnos y sobre la calidad de sus tareas se suele basar en una información elemental o en una percepción muy genérica sobre su personalidad…” (Rodríguez, 2001, p. 15).
Debido al conocimiento que hoy se tiene acerca de la diversidad de elementos que intervienen en el proceso educativo, la evaluación no podía permanecer inmutable; esta ha transitado de un enfoque cuantitativo al predominantemente cualitativo. No obstante que, según House (2001), el enfoque más popular de la evaluación es el cuantitativo, “el salto cualitativo se produce cuando a la evaluación se le asigna, o se le reconoce, la función de mejora” (Pérez-Juste, 2014, p. 24).
La integración del concepto de mejora al de la evaluación educativa significó un cambio radical en el proceso, que llevó a transformar no solo la manera, sino el fundamento con el que hoy se realiza. Para entender mejor cuánto han aprendido los estudiantes, teniendo en cuenta todas las diferencias, antecedentes, obstáculos y factores que influyen, la evaluación educativa se divide en varias categorías. En este artículo, se abordan las tres siguientes:
Evaluación diagnóstica: Con este tipo de evaluación, los docentes (o quien pretenda evaluar) se enfocan en conocer los antecedentes de sus alumnos; sus intereses; estilos de aprendizaje; conocimientos previos; habilidades; actitudes; así como su contexto social, cultural, económico, familiar y emocional. El propósito de este tipo de evaluación es (como en todo proceso evaluativo) fortalecer y enriquecer el conocimiento acerca de los factores que pueden contribuir o interferir en el aprendizaje de los estudiantes y, de ese modo, orientarse a la mejora del proceso.
Evaluación formativa: La evaluación formativa busca retroalimentar de manera continua, a lo largo de todo el proceso educativo, el desempeño de los estudiantes. Con este enfoque de la evaluación, existe un seguimiento real, verificable y constante de la manera en la que cada alumno produce, desarrolla y aplica sus conocimientos, habilidades, valores y actitudes en el aula. El acompañamiento que ofrece la evaluación formativa permite a los estudiantes tener más oportunidades de rectificar su trabajo académico. El propósito de la evaluación formativa es la mejora continua de los aprendizajes.
Evaluación sumativa: La evaluación sumativa es aquella que se realiza para medir de manera numérica el cumplimiento de ciertos objetivos de un programa académico, de un plan periódico de clase, de los aprendizajes esperados o del resultado del proceso de enseñanza-aprendizaje desarrollado. Este tipo de evaluación se enfoca en el uso de instrumentos más objetivos para recolectar información acerca del desempeño de los estudiantes para dar mayor certeza al proceso. De manera general, la sumativa se lleva a cabo al final del proceso educativo y se asigna, según el grado de cumplimiento, una calificación final al estudiante. Debido a la temporalidad en la que se lleva a cabo, este tipo de evaluación ofrece pocas oportunidades para reorientar, en tiempo real, la práctica educativa de los alumnos, por lo que la mejora del proceso no se advierte a primera vista en el proceso sumativo.
Como se puede observar, las características de estos tipos de evaluación pueden aprovecharse en conjunto. Es decir, tanto la evaluación diagnóstica, formativa y sumativa ofrecen ventajas cualitativas y cuantitativas, que permiten enriquecer y mejorar la práctica en el aula. Resulta conveniente, entonces, que en todo proceso educativo se utilicen los tres tipos de evaluación descritos. Así, los docentes podrán tomar ventaja de los elementos más relevantes de cada enfoque, para obtener información veraz, pertinente y oportuna para evaluar a los estudiantes. En este sentido, Tyler sostiene que:
“La evaluación no deberá limitarse a realizar esa valoración en un determinado momento puesto que, a los fines de comprobar la existencia de posibles cambios, es imprescindible realizar las estimaciones al principio y al final del proceso, con el objeto de identificar y medir los que en ese momento pudieren estar produciéndose”. (Tyler, 1998, p. 109)
Cuando se abordan componentes inherentes a la conducta de las personas, resulta complejo percatarse de los cambios que ocurren sin la ayuda de instrumentos de evaluación apropiados y diversos. El uso de diferentes métodos efectivos para recolectar información sobre cómo avanza el proceso de enseñanza-aprendizaje permitirá al evaluador, desde varios aspectos de la práctica educativa, identificar los cambios en el comportamiento de sus estudiantes. Con relación a esto último, Tyler (1998) afirma que “la modificación en las pautas de conducta es precisamente uno de los fines que la educación persigue” (p.109). Es preciso, con el objetivo de subrayar la importancia de la evaluación educativa, citar las palabras de López (1999): una evaluación tiene sentido en la medida que satisface cada una de las cuatro cualidades: idoneidad, eficacia, fiabilidad y generadora de plan de mejora” (p. 40).
Víctor Manuel Zamora García
orcid.org/0000-0002-4480-9878
Referencias
López, M. (1999). A lacalidad por la evaluación. Escuela Española.
Miralles, P., Molina, S., & Santiesteban, A. (2011). La evaluación en el proceso de enseñanza y aprendizaje de las ciencias sociales. Universidad de Murcia.
Pérez-Juste, R. (2014). Evaluación de programas educativos. La Muralla.
Rodríguez, N. (2001). La evaluación en el aula. Nobel.
Tyler, R. W. (1998). Principios básicos del currículo. Troquel.